Todo tiene tigre (Revista Vice)

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Una madrugada en febrero, Esteban Payán, un caleño de 37 años de edad de ojos castaños, cabello oscuro y cejas pobladas, se paseaba nervioso por la sala de espera del Comando Aéreo de Transporte Militar, Catam, en las afueras de Bogotá. Envuelto en una cazadora negra, Payán, director para Colombia de la ONG de conservación de felinos Panthera, observaba cómo la niebla engullía lentamente la pista del aeropuerto. El vuelo hacia San José del Guaviare saldría con retraso, eso ya era seguro. Lo realmente grave era que si el lánguido cielo bogotano no abría pronto, se iba a ver obligado a cancelar la primera expedición en más de dos décadas al Tepuy Jaguar, una meseta recubierta de selva en medio del Parque Nacional Natural Serranía del Chiribiquete, cuyas paredes esconden petroglifos escarlata en forma de jaguar de entre 500 y 1.500 años de antigüedad.

A pocos pasos de la puerta de vidrio empañada desde donde inútilmente comprobaba cada tantos segundos el estado del clima, Payán echó un vistazo a sus jefes Alan Rabinowitz, director mundial de Panthera, y Howard Quigley, director del Programa Jaguar, quienes habían venido a Colombia en parte por la promesa de la expedición. Rabinowitz, un fornido judío neoyorquino a quien pocos habrían podido calcularle sus 61 años de edad, examinaba las provisiones para el viaje. Comida y agua para varios días, un dron, cámaras de video, trípodes, linternas, cascos militares, sistemas de posicionamiento global y un chaleco antibalas descansaban en maletas desparramadas en la sala de espera.

Con el paso de los minutos, el tiempo no parecía mejorar. Payán sabía que si no despegaban pronto, podría perder la oportunidad de conocer aquel lugar, el que tal vez sería el último reducto del jaguar (Panthera onca), en caso de que fallaran todas las estrategias de conservación en las que llevaba trabajando durante una década. Chiribiquete, extraviado en las selvas de Caquetá y Guaviare, es el parque nacional más grande del país, con un área equivalente a la totalidad de Bélgica, pero es también uno de los más aislados. Ubicado a varios días de distancia, por ríos y trochas, de San José del Guaviare, el pueblo más cercano, Chiribiquete aún se encuentra separado del mundo de los hombres. Las poblaciones indígenas que habitaban el lugar desaparecieron tras el boom del caucho a principios del siglo pasado, y no hay presencia continua ni de Parques Nacionales, ni del Ejército. Uno que otro grupo guerrillero en ocasiones merodea la zona, pero ninguno parece haberse adentrado de lleno en el parque. De hecho, la única manera de llegar allí es en helicóptero, preferiblemente acompañado por las Fuerzas Armadas.

—Esos son sólo para los jefes —nos dijo en inglés Payán al ver que Rabinowitz se probaba uno de los chalecos antibalas—. Nosotros somos la carne de cañón.

Historia completa en Vice.com.

Author: santiagowills

Journalist, writer and reader...

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