El cisne negro (Etiqueta Negra)

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Cuando a Misty Copeland se le caen las llaves de su apartamento en el Upper West Side de Nueva York, las levanta sin doblar las rodillas, con el dedo índice y pulgar, como si se tratara de un cristal. Todos los días, en la estación del metro de Lincoln Center, la más cercana de donde vive, Misty Copeland se cuida de no perder su postura cuando desciende al subterráneo: elevada sobre unos empinados tacones de aguja del diseñador francés Christian Loboutin, la bailarina de ballet mide cada paso para evitar que la gente se dé cuenta de que sus piernas son más cortas de lo que ella quisiera.

Erguida, cuida las líneas y los ángulos que forman sus brazos respecto a su cabeza y su espalda, como si en todo momento se encontrara sobre un escenario. Misty Copeland duerme con las piernas abiertas y las rodillas recogidas hacia afuera, como una rana boca abajo a punto de impulsarse mientras nada. No come grasas ni azúcares. Nunca se maquilla cuando va a un ensayo. Baila ballet entre nueve y diez horas diarias desde hace unos veinte años, y, cuando no ensaya ni da clases ni se presenta en un espectáculo, ayuna ciertos días para eliminar las toxinas y el peso que cree haber aumentado. Acababa el verano en Nueva York, y la bailarina negra debía empezar a prepararse para bailar por primera vez el papel del cisne blanco en EL LAGO DE LOS CISNES, quizá el personaje más célebre de la historia del ballet. Hasta donde ella sabía, en los cerca de cuatrocientos años de historia del ballet clásico, sólo una bailarina negra del Houston Ballet, una compañía menor, lo había hecho sin mayor éxito. «Hay algo acerca de ese ballet que hace que la gente imagine a una mujer rusa, extremadamente alta como el cisne», dijo en una aparición en el TODAY SHOW, un programa matutino de la cadena NBC que tiene más de cinco millones de televidentes. «La gente no imagina a una mujer afro-americana como una bailarina porque cree que no somos delicadas ni femeninas. Nos ven como fuertes y agresivas». Era su papel más inesperado después de casi veinte años de andar en puntas de pies y Misty Copeland estaba con los nervios en punta.

Fuera de los círculos elitistas del ballet, es raro encontrar a alguien que pueda nombrar a un bailarín que no sea Baryshnikov, Nureyev o Julio Bocca, o a una bailarina que no sea Anna Pavlova, Suzanne Farrell o Alicia Alonso. Hoy la afroamericana Misty Copeland es un fenómeno que es la imagen de Under Armour, una marca de ropa deportiva cuyo video promocional ha sido visto más de siete millones de veces. Es la imagen de Blackberry y los cosméticos Proactiv. Es miembro del Consejo del Presidente Barack Obama sobre Forma Física y Deportes. New Line Cinema, la productora independiente detrás de la trilogía de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS, prepara una película sobre su vida. Baila en los videos y conciertos de Prince, el cantante de Purple Rain. Este año tendrá su propio show en el canal estadounidense Oxygen. Perfiles sobre ella han aparecido en revistas prestigiosas como THE NEW YORKER y programas televisivos como FOX NEWS. La mayoría ve al ballet como un arte anticuado, una disciplina inútil que pertenece a un pasado de nobles y cortesanos, un espectáculo aburrido que sobrevive por unos cuantos snobs. «No entiendo nada sobre ballet», escribió el ruso Chejov. «Lo único que sé es que durante los intervalos las bailarinas apestan como caballos». Hoy la popularidad de Misty Copeland se compara con la de Baryshnikov, la última gran estrella del ballet mundial, pero entre los estadounidenses ella ya la trasciende. La pregunta es qué ha hecho para merecerla: si sus compañeras bailaban diez horas al día, Misty Copeland intentaba bailar doce; si las demás tardaron cuatro años en presentarse frente a un público en puntas de pie, ella lo hizo en uno. Si las demás eran capaces de bailar con músculos lesionados, ella bailaba con huesos agrietados. Pero esa no es toda la historia. «Es la bailarina afroamericana más importante en este momento», me dijo Alastair Macaulay, el crítico de danza de THE NEW YORK TIMES. El calificativo no puede pasarse por alto. Al igual que un cisne negro, Misty Copeland sobresale por su apariencia y su atipicidad.

Full story in Etiqueta Negra

Author: santiagowills

Journalist, writer and reader...

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